Perdoné errores casi imperdonables, o por lo menos quise hacerlo.
Intenté olvidar personas inolvidables.
Ya hice cosas por impulso, ya me decepcioné de personas que jamás pensé que me decepcionarían, pero también yo decepcioné a alguien.
Ya grité y salté de tanta felicidad. Hice juramentos eternos, pero fallé muchas veces.
Ya lloré oyendo tu música y viendo nuestras fotos.
Ya entendí que las mentiras tienen patas cortas, pedí perdón, confié en personas que me traicionaron, aprendí que la confianza se gana.
Aprendí que el mundo no es como te lo muestran, que el camino mas largo siempre es el mejor, aprendí que no todos me quieren, tuve muchos amigos y solo algunos consideré verdaderos y lo son hasta el día de hoy.
Pedí muchas veces una segunda oportunidad y aprendí que ahora soy yo la que no puedo darlas.
Creí estar perdida y siempre salí adelante, perdí personas que nunca pensé que perdería.
Lloré sola por acompañar en llanto a alguien.
Escuché y aconsejé a personas que en su momento me dieron la espalda.
Me guardé y guardo mil sentimientos, que por miedo, falta de confianza y muchas cosas más, nunca dije y sé que nunca se las diré a nadie.
Volví a creer en el amor. Ese amor que tanto miedo dá.
Maduré, y confio en que las pruebas que me va poniendo la vida me hagan madurar aún más.
La cosas cambian, la vida se transforma, cada minuto es un instante para hacer de ella algo diferente, de cambiar nuestro destino y creer que lo que viene puede ser un poco mejor.
Hoy, confio en lo que va a venir, creo en que todo puede mejorar y que con el tiempo me voy a dar cuenta que cada decisión que tomé fue la correcta.